La oficina no es cultura, es un cinturón de castidad feudal para la Gen Z

Observar a mis hijos, y proyectar la vida que tendrán los hijos de mis hijos, es asistir a un cambio de paradigma que la mayoría de los CEOs actuales —atrapados en una nostalgia analógica— se niegan a aceptar. Ellos no trabajarán como nosotros. No entienden el concepto de «fichar» ni la jerarquía basada en la presencia física porque su soberanía ya es, por naturaleza, digital. Para ellos, la oficina no es un templo de colaboración; es un cinturón de castidad feudal diseñado para evitar que su talento escape al control de los nuevos señores de la nube.

Estamos viendo cómo los sumos sacerdotes del Tecnofeudalismo predican que la oficina es vital para «mantener la cultura». Pero en la redacción de Lonchbox tenemos una traducción más cruda: la oficina es el mecanismo de captura del excedente de valor. En la Era Agéntica, un joven con tres agentes de IA puede realizar el trabajo de un departamento entero desde su habitación. Si lo hace allí, ese excedente de tiempo y productividad le pertenece a él. Si lo obligan a ir a un cubículo, ese valor es recapturado por el sistema mediante la obediencia física.

El error del «talla única» y el Geniotipo

El gran fracaso de la oficina tradicional es que trata al talento como una commodity indiferenciada. Aquí es donde cobra sentido el trabajo de Tony Estruch y su concepto de Geniotipo. Cada uno de mis hijos tiene un «genio» distinto; algunos son puramente creativos (Geniotipo Artista), otros son estrategas natos (Geniotipo Estratega) o conectores sociales. Obligar a todos estos perfiles a sentarse en la misma mesa de 9 a 5 es una aberración que anula su naturaleza.

El sistema de Estruch nos enseña que el talento es un flujo que requiere entornos específicos para florecer. La oficina industrial es un ecosistema diseñado para el Geniotipo «Ejecutor» del siglo XX, pero es una cárcel para los genios disruptores que están naciendo hoy. Mis hijos no van a sacrificar su esencia por una cultura de cafetera y reuniones improductivas. Ellos saben que su valor reside en su capacidad de Asignación y no en su capacidad de calentar una silla.

La rebelión de los herederos soberanos

La brecha generacional hoy no es tecnológica, es una batalla por la propiedad del tiempo. Los Procesadores (los dueños de la infraestructura) temen la independencia de una generación que prefiere ser «Native» antes que sierva de datos en un edificio de cristal. Ver a mis nietos será ver a individuos que operan en una Modernidad Líquida total, donde el trabajo es una transacción de resultados y no un acto de sumisión presencial.

La oficina, tal como la defienden hoy, es el último intento de una élite por gatekear la productividad digital. Pero el genio ya ha salido de la lámpara. Mis hijos no harán las cosas como nosotros porque han entendido que la verdadera Soberanía del Individuo empieza por decidir desde dónde y cómo se proyecta su intelecto al mundo. No aceptarán el collar de la presencialidad porque saben que su «genio» no se puede encerrar en un plano de planta abierta.

Referencias para el Individuo Soberano:


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